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AMIGOS DE LA REVOLUCIÒN LIBERTADORA
Recordamos hoy, con gran emoción, que en la tan incierta como inolvidable madrugada del 16 de Septiembre de hace medio siglo, aconteció algo fundamental en la Argentina , un grupo de hombres libres, civiles y militares, de las ultimas reservas de una republica desquiciada, corrompida y con asfixiante despotismo, se lanzaron a la acción iniciando la REVOLUCIÒN que por siempre se llamará LIBERTADORA y a pesar de las muy pocas posibilidades de éxito, tras cruenta lucha triunfaron, con la ayuda de Dios, marcando uno de los hechos más trascendentes de la historia argentina del siglo XX, rescatando la libertad, la dignidad y el decoro de nuestra nación. Fue principalmente un gran acto de afirmación moral.
Al alcanzar este cincuentenario, después de muchos años de un deleznable olvido y de una perversa e ingrata tergiversación de nuestra azarosa y vacilante historia, nos viene a la memoria un breve y hermoso canto que dice:
“¿Porque tenderse a descansar? ¿Porque interrogar? ¿Porque yo y los demás nos adormecemos? ¡Oh inmenso crepúsculo, la espuma flota sobre las aguas!”
Debemos despertar, recordar, evocar y actuar con la firmeza de nuestras convicciones republicanas y con ese sinceramiento, sin el cual no hay historia que valga ni vida que merezca ser vivida.
Aquella REVOLUCIÒN LIBERTADORA no fue una simple asonada o golpe militar, como algunos pretenden, sino una auténtica revolución, la única en la historia Argentina del siglo XX, cuya meta fue restablecer las instituciones republicanas destruidas durante la tiranía, instalando por breve plazo un gobierno que modestamente se llamó PROVISIONAL y que estuvo constituido en su mayor parte por hombres y mujeres civiles, los mejores con que el país contaba en esos momentos.
Llamar golpe de estado a la REVOLUCIÒN LIBERTADORA , equivale a dar dicho título a la Revolución de Mayo o al pronunciamiento de Urquiza, hitos fundamentales de nuestra nacionalidad.
La REVOLUCIÒN LIBERTADORA fue precisamente una nueva florescencia de Mayo y Caseros, continuando con gran fe republicana esa línea histórica.
La REVOLUCIÒN LIBERTADORA fue más cívica que militar. Fueron civiles de diversas tendencias políticas y credos los que desde el principio y durante 12 pesados años se opusieron tenazmente a la tiranía, sufriendo por ello persecución, cárcel, exilio y tortura. Esta valiente resistencia civil, finalmente apoyada por un puñado de miembros de las Fuerzas Armadas, iniciaron la lucha abierta y durante la misma murieron, en combate, más civiles que militares.
La concentración espontánea en la Plaza de Mayo el día que prestó juramento el General Eduardo Lonardi, fue una de las más grandes manifestaciones cívicas que registra la historia Argentina.
Si se observa una fotografía obtenida ese día de la histórica plaza, desbordada, puede apreciarse que entre la multitud solo se ven banderas argentinas, sin ningún otro tipo de símbolos o consignas.
Solo se trató de miles de argentinos libres, que indiscriminadamente, celebraban con gran júbilo y emoción el retorno de la libertad.
Los principales referentes de la REVOLUCIÒN LIBERTADORA , no tuvieron como propósito gobernar sino liberar a la Argentina , restableciendo sus instituciones republicanas. Por ello no hubo previo plan de gobierno; el único plan revolucionario, si así puede llamarse, solo constaba de dos puntos fundamentales: derrocar la tiranía y restablecer la vigencia de nuestra Constitución fundadora de 1853, bajo cuyo amparo y con la acción de hombres de las maravillosas generaciones del 37 y más tarde del 80, la Argentina de ser un país semisalvaje, se había convertido en una de las naciones más civilizadas y prósperas de la tierra.
Las grandes bondades de fortuna que en aquellas épocas recayeron sobre la Argentina , se debieron al cumplimiento de dicha sandia constitución y a la acción de esos grandes hombres.
Al estallar la Revolución , no había uno solo de los capítulos de la vida argentina que no estuviera desvirtuado, desquiciado, corrompido y 1943 a 1955 marca uno de los periodos más nefastos, más ignominiosos, más despóticos, más corrompidos y más delictivos de la historia argentina.
Los que se alzaron en armas lo hicieron con la convicción de que cumplían con su deber, conforme a lo estipulado en el Art.21 de la Constitución de 1853 de que “todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria y de esta Constitución” y de que ejercían su derecho de luchar contra la opresión.
Al hacerlo las Fuerzas Armadas tuvieron que pagar un alto precio, pues además de las vidas perdidas se debió en muchos casos quebrar su disciplina. Pero no hubo otra opción.
Los partidarios y beneficiarios del régimen y los indecisos, indiferentes y temerosos de siempre, no pudieron frenar ese explosivo y juvenil impulso de libertad.
La REVOLUCIÒN LIBERTADORA a pesar de los errores que pueda haber cometido, cumplió con sus propósitos fundamentales y con lo prometido, liberando, saneando, educando en la libertad, investigando y enviando a la justicia los muchos delitos cometidos, reparando los mayores atropellos del régimen, restableciendo la vigencia de nuestra Constitución histórica de 1853 y llamando a elecciones en el más breve plazo posible.
Con ello los ejecutores de la Revolución , en su gran mayoría jóvenes, y en general los argentinos de espíritu libre, tuvieron la gran esperanza de que la argentina retomaría su camino de grandeza.
Pero desgraciadamente no fue así. El virus peronista-facistoide que como unjas letal había penetrado, con manipulación ideológica y demagogia en gran parte del pueblo argentino, políticos que desde el inicio hicieron el pacto del deshonor con el peronismo vencido y que siempre lo cortejaron, por especulaciones políticas, que solo sirvieron para la destrucción de sus propios partidos y el afianzamiento del régimen de oprobio y la especulación, egoísmo, indiferencia y temor de la dirigencia en general fueron causa de las más increíble restauración del mundo civilizado.
Y de inmediato se volvieron a arriar las banderas de Mayo, quedando solo jirones de las REVOLUCIÒN LIBERTADORA, continuando la corrupción y decadencia que, con algunos altibajos se ha extendido y agravado hasta nuestros días, con el triste espectáculo que hoy ofrece ante el mundo nuestra Nación. Lo único que nos ha salvado de caer aun más bajo de los que estamos es la gran riqueza natural y humana de la argentina.
A pesar de algunos signos de prosperidad, a nuestro juicio transitorios y engañosos, la realidad es que actualmente nuestra Nación es una república solo en apariencia con una democracia prostituida.
Hay en nuestro país hombres de espíritu libre y de talento que saben qué hacer para sanar la república, pero ello será imposible de realizar mientras perdure la llamada “Cultura Peronista”, mito predominante en gran parte de la sociedad, incluso en algunos partidos políticos llamados “opositores”.
Pese a tanto desvanecimiento y al tiempo transcurrido, la REVOLUCIÒN LIBERTADORA continua siendo ejemplo, inspiración y consigna y ennobleciendo la historia argentina.
Recuerdo que en un memorable acto realizado en el Luna Park, al cumplirse el 20º aniversario de la REVOLUCIÒN LIBERTADORA , siendo presidenta de la Nación la tercera esposa del tirano, mi querido amigo desaparecido ya hace muchos años, el Dr. Manuel Ordóñez, inició su magnífico discurso diciendo:¿Y volvieron/ Y volvieron!.
Hoy podríamos decir: ¡Y se quedaron! continuando con la destrucción de la república al esterilizar todo esfuerzo válido para su recuperación, aplicando la corrupción, el resentimiento y la amenaza, que continuará de no reaccionar con fuerza los hombres y mujeres de espíritu libre de nuestra tierra.
Esta COMISIÒN DE LA REVOLUCIÒN LIBERTADORA ha tratado, por cierto muy modestamente, de dar testimonio de la verdad y de despertar las conciencias dormidas, procurando en la medida de nuestras posibilidades de contribuir en la recuperación de la república. Todos debemos esforzarnos en dar testimonio de la verdad, a través del aporte de nuestro granito de arena, si queremos vivir como hombres libres.
De no hacerlo serìa lamentable tener que decir con el poeta: “Me acusa el corazón de negligente/ por haberme dormido la conciencia/ y engañarme a mi mismo y a la gente/ por sentir la avalancha de inclemencia/ y no dar la voz de alarma claramente”.
Dentro de nuestras menguadas posibilidades también tratamos, cosa muy difícil, que gente más joven continúe en el futuro dando testimonio de esa verdad, que hoy tan pocos se atreven a expresar.
Algunos, por pocos que fuere, deben mantener encendida, por débil que esté, la llama de la REVOLUCIÒN LIBERTADORA , que es la llama de la libertad y dignidad nacional y de los principios de nuestra Constitución fundadora de 1853.
Y recordemos que más vale mantener encendida una débil llama que maldecir la oscuridad.
Decía Cicerón, que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetir los mismos errores del pasado. En nuestro caso se ha olvidado y lo que es peor se ha tergiversado perversamente la historia. Por ello nuestro propósito es dar testimonio permanente de la verdad, tratando que alcance a la mayoría de nuestros conciudadanos que no vivieron aquel corrupto despotismo y que les han enseñado o han escuchado una falsa historia.
Un gran historiador francés ha dicho que “El verdadero patriotismo no es el amor al suelo, sino el amor al pasado y el respeto por las generaciones que nos precedieron. Es decir el amor a la tradición nacional”.
Y nuestra mejor tradición nacional es: Mayo de 1810, Caseros y Septiembre de 1955 y para salvar la República hay que volver a las fuentes y no hacer una nueva argentina como algunos irracionalmente proponen.
En esta evocación queremos rendir un particular y emocionado homenaje a todos aquellos hombres y mujeres de la REVOLUCIÒN LIBERTADORA que ya no están con nosotros en especial a quienes dieron sus vidas durantes la lucha armada.
¡PARA ELLOS GLORIA Y ETERNA GRATITUD! y como dice la letra de nuestra marcha de la Libertad :”Que perduren sus nombres entre los héroes de la patria amada”.
Hagámonos hoy el propósito de no cejar en nuestro esfuerzo para impulsar a la Argentina hacia su recuperación. No nos resignemos a la decadencia ni a la mediocridad. Luchemos por alcanzar la Argentina que queremos y está plantada en nuestros sueños y no nos rindamos jamás.
También en este conmovedor cincuentenario, hagamos una desesperada invocación a nuestros adormecidos compatriotas, clamando:
ARGENTINOS DE ESPÌRITU LIBRE, DESPERTAD, LEVANTAD LAS BANDERAS DE MAYO Y DETENED LA DECADENCIA NACIONAL.
Y dando gracias a Dios porque me haya permitido llegar, aún de pie, a este cincuentenario, cierro esta evocación con las viejas palabras del poeta:
VENGO A DECIRTE EN ESTE DIA
HORA Y EN LA HORA
QUE ESTA REVOLUCIÒN LIBERTADORA
SUS BANDERAS TREMOLA TODAVIA.
Clte. (RE) Jorge Julio Palma