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Buenos Aires, septiembre del 2001
La Comisión de Afirmación de la Revolución Libertadora a la ciudadanía
Consideramos oportuno el momento actual, para invitar a la ciudadanía a reflexionar en las actuales circunstancias de grave crisis nacional y de confusión en las ideas, lo cual está conduciendo a la destrucción de la República y a la pérdida de la identidad nacional.
Decía Juan Bautista Alberdi que para lograr una nacionalidad hay que conquistar una filosofía. La Argentina conquistó esa filosofía que plasmó en la sabia Constitución fundadora de 1853, inspirada en el ideario de la Revolución de Mayo de 1810, después de ser vencida en Caseros la primera tiranía que sufriera nuestro país, logrando con ello la unión nacional.
Desde 1853-1943 rigieron con dificultades las normas de la Constitución fundadora, al menos en lo fundamental y su resultado fue un crecimiento asombroso de la Nación y el mejoramiento de las condiciones de vida de todos los habitantes, tanto nacionales como extranjeros, en la medida de su esfuerzo y sensatez.
En 1949, principalmente con finalidades reelectoralistas, se efectuaron modificaciones que desvirtuaron en su esencia la Constitución fundadora.
En 1955, la Revolución Libertadora derrocó la segunda tiranía y reimplantó la Constitución de 1853, pero a partir de la reinstauración del régimen democrático se incumplió la misma en lo fundamental, porque después de la violación de 1949, quedaron desviadas muchas conciencias argentinas y se careció de una auténtica dirigencia nacional.
En 1994, nuevamente, por finalidades reelectoralistas principalmente, se volvió a modificar la Constitución de 1853, desvirtuándola otra vez seriamente. En consecuencia hemos perdido la filosofía conquistada hace muchos años con el esfuerzo, la sangre y el talento de un grupo excepcional de hombres. Por ello estamos perdiendo la identidad y unión nacional, destruyendo las instituciones y la capacidad para educar a la juventud en lo fundamental.
También por ello la libertad es concebida como fuente de desorden, la igualdad ante la ley se borra y el resurgimiento de las corporaciones ha quebrado la unidad y generalidad de la legislación sustantiva. La Ley prudente, niveladora y estable ha cedido paso a otra oportunista, inquieta y estigmatizadora.
En resumen, podemos afirmar que con el abandono de los principios esenciales de la Constitución de 1853, principalmente se ha debilitado grandemente la moral y la justicia, pilares de todo pueblo civilizado.
Algunos sostendrán que la Constitución se cumple, pero ello no es así pues sólo se cumple deformada y en lo formal.
Lo fundamental es cumplir con los derechos y garantías de la Constitución fundadora, pero con el espíritu y pensamiento que inspiraran a sus ilustres redactores.
En las últimas modificaciones de la Constitución se ha pretendido una absurda mezcla del sistema impuesto por la Constitución de 1853 con un sistema parlamentario, habiendo nuevos artículos de cumplimiento casi imposible y otros que se contradicen con los derechos y garantías estipulados en el Capítulo I.
En definitiva, esta Comisión de Afirmación de la Revolución de 1955, fiel con los principios que siempre sostuvo, para salir de la actual emergencia nacional, invita a la ciudadanía a regresar a las fuentes de nuestra nacionalidad, volviendo a los principios y espíritu de nuestra Constitución fundadora en todos los campos.
Como decía el gran Sarmiento, nuevamente habrá que elegir entre civilización o barbarie.
Finalmente, que Dios ilumine las mentes y las conciencias de los Argentinos.
La Junta Directiva