Marcha de la libertad
La Revolución Libertadora en Internet
La Comision
Historia
50 aniversario de La Libertadora
Catedra Reafirmacion Libertadora
Articulos y documentos
Noticias
Contacto
Pagina principal sitio
 
tamaño texto
Texto pequeño
Texto grande
Valid XHTML 1.0 Transitional
¡CSS Válido!

HISTORIA

DOCUMENTOS

Eternos cultivadores de la amnesia deliberada

La primera edición de este libro apareció poco antes de que la revolución Libertadora hiciera entrega del poder al gobierno electo que lo sucedió. La aparición de este libro era indispensable como síntesis de las actuaciones de la Comisión Nacional de Investigaciones, reunidas estas últimas en cinco voluminosos tomos. El objeto no era otro que la población se enterara en detalle del triste proceso que había socavado las instituciones, desintegrando la sociedad e instilado el virus de la “lucha de clases” en nuestro país.
Desgraciadamente ninguna de estas publicaciones fueron utilizadas con posterioridad al 1º de mayo de 1958, porque no daban dividendos electorales; el recuerdo de la Revolución Libertadora y su gobierno no era compatible con el intento -siempre renovado y frustrado- de quedarse con el paquete peronista, pero sin el Jefe.
Por eso a fines de 1972 se dio a conocer una segunda edición, con el propósito de detener el aberrante suicidio colectivo que se vislumbraba y que, desgraciadamente, nos precipitó en la catástrofe de 1973-1976, que nos desintegró, confundió y ensangrentó.
Recordemos que en 1972, con la intención de lograr la unión nacional, se propició al “diálogo en busca de coincidencias”. En lugar de condenar moralmente al “sistema” y a sus figuras “representativas” que tanto daño habían causado al país, se propició desde el poder la superación de “estériles antinomias” para lograr un “gran acuerdo” que permitiera alcanzar una democracia “eficaz y estable”, según se decía. Para lograr la ansiada estabilidad se auspiciaba la formación de partidos “fuertes, numerosos y compactos”. Así surgieron los conglomerados como la Hora del Pueblo y el FREJULI, en nombre de una falsa democracia contraria a nuestra Constitución, que fue deliberada y burdamente desnaturalizada. Se dijo también entonces que “la solución nacional debía ser sin exclusiones, para que el futuro gobierno pudiera mantenerse en el poder con capacidad y fuerza”, al proyecto nacional de la generación del 80, definitivamente agotado en la década del 20, no lo sustituyó en los hechos, ninguna nueva propuesta.

El grave error conceptual

El grave error conceptual de aquel entonces fue creer que la estabilidad buscada reside en encontrar un presidente con apoyo electoral multitudinario -como lo hubo- sobre la base de un programa acordado, cualquiera sea éste. Pues la ansiada estabilidad no depende tanto del número de votos que lo conduzcan al poder como del consenso que logre mantener durante su gestión, y ello depende de la bondad del "sistema" jurídico y económico implícito en el "programa" de la coincidencia. Porque hay que ser "realistas": las mayorías desean progreso y bienestar y dan su voto a quienes prometen satisfacer sus aspiraciones; pero cuando ello no ocurre, cuando advierten que sus "magos" no tienen nada en la galera, el apoyo multitudinario es retirado velozmente, esfumándose la ficticia estabilidad y ocupando su lugar la decepción y el descreimiento en las instituciones que se decían respetar. Pero los politicastros democratistas, encandilados por un miope éxito a corto plazo, olvidaron que no basta llegar al poder, sino que es necesario mantenerse luego con el consentimiento de la ciudadanía. Así el país asistió al vergonzoso espectáculo de la Cervecería Nino, en donde ungieron como líder de la civilidad al jefe de las "formaciones especiales" que en esos días asesinaron al General Sánchez, al Ingeniero Salustro y al Almirante Berisso. En enero de 1973 en un almuerzo en San Andrés de Giles, los "adictos" al candidato a Vicepresidente de la Nación (autotitulado “montonero”) coreaban su nombre y el estribillo "Sánchez, Berisso, el pueblo así lo quiso", adjudicándose además el asesinato del General Aramburu.
Los "desmemoriados" de la década de 1945-1955 llevaron a la Nación a la tragedia de 1973-1976, confundiendo profundas antinomias con meros antagonismos de superficie.

El salto al vacío y el retorno al pasado

El 25 de mayo de 1973, flanqueado por los dos únicos gobernantes marxistas de América "Allende y Dorticós-, al llorar el leal "tío" Cámpora se consumó la entrega de la ciudadanía inerme y maniatada a la trágica aventura de la degradación y muerte. Pero todo se toleró, todo, en aras de una seudodemocracia extranjerizante e irracional que fue una verdadera traición a las instituciones de la República, como lo ha dicho la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 1941 al recordar que "los constituyentes jamás creyeron que se pudiera volver a la tiranía sin caer en traición a las instituciones de la República".
Y eso es lo que ocurrió en el país; por ello hay muchos que han perdido la autoridad moral de opinar, porque como bien dijo Monseñor Tortolo en abril de 1976, "ideólogos advenedizos impusieron la dictadura moral; a muchos de ellos les pagó la Nación para que corrompieran a sus hijos". Pues no fueron solamente los delincuentes quienes robaron, ni únicamente los subversivos los que mataron, ni fue un vacío de poder el que hundió a la Nación. Ha habido delincuentes que han robado mentes y conciencias, y subversivos que han desquiciado las instituciones mediante verdaderos "delitos legislativos". Porque "alguien" debe ser responsable de la designación del señor Puiggrós como rector de la Universidad de Buenos Aires, entregándola desembozadamente al marxismo, sin olvidar a Kestelboim y otros que “corrompieron a nuestros hijos”. Siguió el trágico carnaval de la matanza del 20 de junio en Ezeiza entre las fracciones marxistas y fascistas del contubernio populista gobernante. El presidente de la Cámara Federa, Doctor Quiroga, fue asesinado, varios de sus miembros baleados y otros debieron exiliarse. El 11 de agosto de 1973 fueron amnistiados los asesinos del General Aramburu y el 20 de febrero de 1974 aparece en la publicación "Causa Peronista" el relato de "Cómo murió Aramburu". Toda esta vergüenza -por decir lo menos- llevó a decir al General Menéndez en sus últimos momentos “nos han robado la Patria”. Y fue cierto; aunque de ello a nadie se hizo responsable; existe la impunidad más absoluta.
Pero de los "delitos o ilícitos legislativos" a que nos hemos referido no fue el peor la liberación de los asesinos el 25 de mayo de 1973; tal vez sea el más impresionante. Porque lo que destruyó a la República fue la "implementación" de las famosas "coincidencias programáticas para la reconstrucción y liberación nacional" -que así llamaron-, que se concretaron en el no menos célebre Acuerdo Social y en la inolvidable Acta de Compromiso Nacional, firmada por Rucci, en nombre de la CGT, Broner por la CGE y Gelbard como ministro de Estado. Y esta Acta de Compromiso Nacional fue leída el 8 de junio de 1973 por el presidente Cámpora ante el Congreso reunido en Asamblea con asistencia de los miembros de la Corte Suprema, y otros altos dignatarios. Una ceremonia espectacular, dantesca en la que el Congreso aclamó y votó el Acuerdo.
Es cierto que todos aquellos fueron responsables, pero no todos fuimos responsables, como hoy afirman algunos; hay, sin duda, una gran diferencia. Fue una abdicación del Poder Legislativo, como señaló editorialmente "La Prensa" el 12 de octubre de 1973 y con ello se invirtió la organización de la sociedad, provocando la gran debacle. El caos que nos llevó al borde mismo del colapso no se debió ni al vacío de poder ni a la acción de los treinta corruptos, ni al “brujo”, sino a un “sistema” basado en la centralización arbitraria y despótica, “vertical”, que implicaba la anulación del Derecho y de los derechos en abierta violación de la Constitución Nacional, que estampó como “seguro” contra la irracionalidad legislativa, los derechos civiles de cada cual. Esto es lo que habría que explicarle al país por televisión, para que no se repita lo que ya se repitió.
Esta tercera edición que ahora aparece, resulta por lo demás oportuna porque los “eternos cultivadores de la amnesia deliberada”, tanto políticos como gremiales, en noviembre de 1978 y en diciembre de 1979 han formulado declaraciones que ponen en evidencia que nada se ha aprendido y que por el contrario no reconocen sus culpas ni tienen el menor propósito de enmienda. Para neutralizar esa maniobra confusionista, cuando no propaganda insidiosa, será de indudable utilidad la publicación de esta nueva edición del “LIBRO NEGRO DE LA SEGUNDA TIRANÍA” junto con otros documentos que actualizan el drama que vivió la República y que aún debe superar.

Carlos A. Sánchez Sañudo
Contraalmirante (R)

En el “Libro Negro de la Segunda Tiranía”.
Comisión de Afirmación de la Revolución Libertadora, Buenos Aires, 1987.