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La recuperación se cumple con firmeza

Discurso pronunciado en la ciudad de Corrientes, por el presidente provisional de la Nación, Gral. Pedro Eugenio Aramburu, el día 28 de septiembre de 1956.

Debía el Gobierno de la Revolución una visita a esta ciudad capital de la provincia.
Desde Corrientes, bastión de la libertad, habremos de informar nuevamente al país sobre la marcha de algunos asuntos de Gobierno.
Creemos oportuno recordar, para mayor claridad de este mensaje, algo que ya dijéramos en Salta:

Debe quedar absolutamente claro para todos, que los militares deseamos a nuestro país en la ubicación, con la jerarquía y la dignidad que le corresponde; que no admitimos revoluciones demostrativas de atraso; que estamos seguros de haber llegado a la madurez democrática; que ambicionamos una expresión argentina por las urnas, con un país pacificado, y que creemos pecaminosa conducta de unos pocos no debe esclavizar la pureza de muchos”.
Ubicados en las exactas coordenadas de responsabilidad, quienes tenemos las funciones del Gobierno transitorio podemos mirar al país sobre los intereses y las pasiones, por sobre los egoísmos y las mezquindades.
La atención pública se encuentra concentrada en los grandes problemas nacionales.
Es posible advertir la impaciencia que domina en muchos sectores.
Si en algunos casos la impaciencia es justificada, en otros casos está fuera de oportunidad.
No son simples los problemas ni sencillas las soluciones.
Constantemente hemos advertido al país que no es posible esperar todo del Gobierno.
Esta advertencia, si rige para el hombre común e independiente, tiene aún mayor fuerza para el dirigente responsable.
No escapan, aun a los indiferentes, las divisiones y disputas existentes en el seno de los partidos políticos.
Sabemos que la tolerancia es elemento fundamental de la democracia.
Pero no interpretamos cuál es el alcance que algunos pretenden de tal cualidad.
Entendemos que si la tolerancia entre las partes en controversia es digna del mayor aplauso, mucho más efectiva para la Nación sería acompañarla con soluciones que resolvieran problemas de hombres, contribuyendo a pacificar el ambiente político.
Esto es, creemos que la tolerancia no es una cualidad estática.
Por el contrario, la vemos como camino de unión, llena de la dinámica democrática que hace valedera y digna la democracia.
Abocados al estudio del problema político nacional, que no es precisamente problema de reciente data, hemos determinado una serie de buenas soluciones, para, de entre ellas, extraer la solución definitiva.
Nadie pretenderá creer que ha de surgir un gobierno estable de una gestión sospechada de fraudulenta…, y el fraude puede empezar en los mismos partidos políticos.
Hemos ya dicho, y lo ratificamos, que el futuro de la Nación quedará asegurado cuando sus autoridades provengan de entre los candidatos seleccionados en cada partido, con el indudable respaldo de los afiliados.
Otra cosa sería engañar al país, desvirtuar los principios revolucionarios que comprometen auténticos resultados de los procesos electorales y no agotar hasta el último recurso para evitar posibles futuras revoluciones demostrativas de atraso.
De lo expresado se deduce la enorme responsabilidad de los dirigentes políticos y del Gobierno.
Por nuestra parte, téngase la seguridad que estudiamos detenida y profundamente la intervención que nos toca, analizando elementos y factores ponderables sin olvidar los imponderables, con la permanente e inquebrantable voluntad de dar un ejemplo de imparcialidad que, al traducirse en instrumento de Ley, asegure la genuina voluntad de un pueblo que desea la democracia, de vida y de Gobierno.
En ello va el honor de las Fuerzas Armadas.
Por este camino llegaremos a la estabilidad institucional de la República, garantizando los beneficios de la libertad.
El haber hablado de tolerancia, da la oportunidad para aclarar conceptos efectistas, pero no realistas, de algunos dirigentes políticos.
Entendemos la tolerancia y la practicamos por vocación, pero no al punto de permitir saboteadores, terroristas y alocados servidores de las cobardes maquinaciones de un prófugo o de otros imitadores.
Opinamos que quizás se ganen más simpatías pidiendo al Gobierno libertades de detenidos, pero consideramos más constructivo exigir a los culpables una mayor adaptación a las costumbres y modalidades características de los argentinos de bien.
Si algunos dirigentes desean contribuir efectivamente a la pacificación total tan ansiada, es conveniente que empiecen por educar a los equivocados, en defensa de la misma sociedad en nombre de la cual pretenden actuar.
Y al así proceder, tengan la seguridad de que la Revolución no persigue inocentes ni se pierde en venganzas.
Por si queda alguna duda, desautorizamos rotundamente cualquier abuso de poder.
Bregamos por la dignidad del hombre como fundamental consigna revolucionaria y estamos decididos a aplicar, con justicia absoluta, el castigo que corresponda a quienes falten a sus deberes con el prójimo en desgracia.

Correntinos:

Contra toda versión antojadiza, contra cualquier ligera apreciación, la recuperación nacional, en todos los órdenes, sigue cumpliéndose con seguridad y firmeza.
Este renacer a la libertad, ganado por los argentinos con el esfuerzo exclusivo y único de su propia voluntad, es un hecho que nos enorgullece y llena de fe.
La razón y los hechos garantizan un futuro promisorio.
Seamos capaces de convertir promesas en realidades.