Publicado en La Voz del Interior, 9 de diciembre de 1972
Con el objeto de aclarar algunos aspectos de los episodios vinculados al frustrado levantamiento del 9 de junio de 1956, la mesa directiva de Concentración Cívica dio a conocer la siguiente declaración:
la audición de Televisión transmitida por el Canal 11 el domingo 3 de diciembre a las 21.30, por interrupciones propias de este tipo de programas, quedaron sin la debida aclaración algunos importantes aspectos de lo ocurrido el 9 de junio de 1956. No es nuestro propósito reabrir antiguas heridas, por todos lamentadas, pero ante las preguntas formuladas y en nombre de la verdad histórica, nos sentimos obligados a completar las necesarias respuestas.
El 9 de junio de 1956 -tal vez porque Dios quiso salvar a la Nación de males mayores- en la quinta de Sarrabayrousse, en Moreno, explotó una bomba, en manos de quien la estaba fabricando. La providencial alarma motivó la intervención policial, pero si bien los implicados lograr escapar en un automóvil, el vehículo debió ser abandonado en una barrera de ferrocarril, lo que permitió encontrar una valija que contenía, entre otros documentos, las fichas donde figuraban, con todo detalle, la conformación de los grupos de ataque a los objetivos que también se indicaban. Se nombraban, además, las personas del gobierno, de las Fuerzas Armadas y de los partidos políticos que tenían que ser ejecutadas junto con sus familiares, los lugares de la matanza y el destino de los cadáveres, al crematorio, en general. Posteriormente, toda esta información fue exhibida al periodismo en reunión de Gabinete. Pero hay mucho más:
1) En la estación de Ringuelet un tren fue asaltado por grupos armados, los pasajeros obligados a vivar al tirano, y un oficial de policía que se negó a hacerlo, fue asesinado en presencia de su esposa, que luego declaró que podía reconocer al matador.
2) En Rosario se cortaron los cables de L.T. 12 y se empalmó un micrófono, desde el que se propalaron proclamas revolucionarias de cuyo origen no podía dudarse.
3) En la ciudad de Santa Rosa, los revolucionarios difundieron por Radio del Estado una proclama revolucionaria que no era precisamente un llamado a la conciliación.
4) A las 23 hs. se produjeron tres hechos simultáneos: un grupo asaltó la estación transmisora del Automóvil Club Argentino, cuya red cubre todo el país; el intento fue rechazado pero, en la refriega murió un cabo de la policía federal. La estación de autobuses Cóndor fue asaltada para apoderarse de vehículos que, según los planes descubiertos, debían transportar los grupos de ataque establecidos en las fichas antes mencionadas. Se asaltó al Arsenal de Guerra Esteban de Luca, intentándose penetrar en una ambulacia. La guardia resistió y rechazó el ataque.
5) Escuela de Mecánica de la Armada. Por despacho de las 23,40 hs. del 9 de junio, al ser detenida una persona, sus autoridades se enteraron de que tanto la Escuela Raggio, que está al lado, como el edificio de la Comisión Nacional de la Energía Atómica, serían ocupados por grupos especializados, y a continuación la Escuela sería atacada con el auxilio de ómnibus cargados de bombas incendiarias y camiones-tanques nafteros. En el estadio de River Plate se debían concentrar grupos de civiles a los que se les entragarían armas. La Escuela Raggio y Energía Atómica fueron neutralizadas y se tomaron prisioneros.
6) En los cuarteles de los Regimientos 1º y 2º de Infantería de Palermo. Grupos de suboficiales, cubierto el uniforme con un abrigo piloto civil, reunidos en las inmediaciones de los puentes del ferrocarril y los terraplenes, debían entrar en los cuarteles y capturar los armeros. Fueron detenidos por oficiales de los regimientos.
7) En Campo de Mayo fueron sofocados dos intentos de levantamiento.
8) En la zona de La Plata. Aquí ocurrieron los sucesos más graves. Al anochecer fue capturada la comisaría de Ringuelet (Teniente Abadie). Más tarde, el Regimiento 7º de Infantería de La Plata se sublevó y atacó la casa de gobierno, cuyo titular, el coronel Bonnecarrere, se atrincheró en la jefatura de policía, resistiendo valientemente durante la noche, con el apoyo de fuerzas de la Infantería de Marina de Río Santiago, hasta que con las priemras luces del día 10, la llegada de fuerzas del Ejército y de la Fuerza Aérea terminó con la rendición de los sublevados.
Por lo tanto, no puede argumentarse, como lo afirmara un periodista en la audición, que la mayoría de las sublevaciones del 9 de junio fueron “inventos y novelas de la policía”. Lo antes señalado puede ser confirmado por numerosas personas, entre ellos los oficiales superiores de las tres armas que constituían el estado mayor conjunto que tuvo intervención.
Por otra parte, las autoridades del Gobierno Provisional no reimplantaron la pena de muerte establecida por la tiranía y derogada por la Revolución Libertadora, como ha afirmado un periodista; en la emergencia establecieron la ley marcial, en defensa de la vida y hacienda de la población, teniendo en cuenta que ellas estaban real y gravemente amenazadas por las consignas del tirano ausente repetidoras fieles de las siniestras órdenes impartidas desde los balcones de la Casa de Gobierno en la noche del 31 de agosto de 1955. En dicha oportunidad el tirano pronunció un macabro discurso de “San Bartolomé” vociferando entre otras tremendas amenazas, esta incitación criminal: “Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades… puede ser muerto por cualquier argentino. Esta conducta, que ha de seguir todo peronista (fue una orden), no solamente va dirigida contra los que ejecuten, sino contra los que conspiren e inciten”. Nunca, antes, en esta patria argentina se había tocado a rebato para la matanza general, desde los balcones de la Casa de Gobierno. Nunca, antes, un Jefe del Estado argentino había ordenado a sus seguidores hacer justicia por sus propias manos con cualquier excusa. No recordamos que en América se haya llegado a semejante grado de esquizofrenia despótica y delirante. El mundo entero quedó atónito.
La sangre se heló en las venas de los mismos peronistas, y el horror envolvió a todos, amigos y adversarios, pues estaban frescos los recuerdos de los incendios y otras profanaciones de los templos ocurridos en la fatídica noche del 16 de junio, que ejecutaron turbas regimentadas al servicio vil del déspota. En el propio balcón presidencial todos los rostros se demudaron de espanto. Pero nadie renunció ni adelantó una palabra de moderación al servicio de los sentimientos humanos y de la paz ciudadana. Después de la execrable blasfemia todos siguieron en sus puestos, aun cuando el tirano agregó: “Que sepan que esta lucha no ha de terminar hasta que los hayamos aniquilado y aplastado”. Esta fue la gota que colmó el vaso; la culminación dramática del proceso de justificación histórica de la Revolución Libertadora que tenía el deber de terminar con la máscara aberrante de “democracia constitucional”, como ahora llaman algunos desmemoriados a la ominosa tiranía peronista. Es entonces cuando nacen los “gorilas”, resueltos a restablecer la dignidad de la República y a devolver la libertad a sus compatriotas.
Esta mancha, que ensombrece la Historia Argentina, no puede ni debe ser olvidada, aunque parece que así ha ocurrido a quienes, en una pretendida representación de la ciudadanía, han ungido al tirano visitante como su jefe o albacea en el restaurante Nino, versión local de la célebre “Cervecería de Munich” donde fue encumbrado Hitler”.
Por Concentración Cívica: Dr. Marcelo Aranda, Sr. Alberto Benegas Lynch, Dr. Eduardo Busso, Sr. Norberto L. Carca, Dr. Estanislao del Campo Wilson, Sr. Rodolfo A. Fitte, Sr. Floreal González, Brig. My (RE), Medardo Gallardo Valdez, Brig. (RE) Jorge Landaburu, Escrib. Carlos Macchi, Dr. Alberto Mercier, Sr. Adolfo Morano, Alte. (RE) Jorge Julio A. Palma, Dr. Oscar Rebaud Basavilbaso, Dr. Manuel Río, Alte. (RE) Carlos A. Sánchez Sañudo y Cnel. (RE) Francisco J. Tizado.