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Palabras pronunciadas por Dr. Juan de Tomás el día 16
de septiembre de 2007 en el Cementerio de la Recoleta en
el acto recordatorio de la Revolución Libertadora y en
homenaje a los compatriotas civiles y militares que ofrendaron
su vida en las acciones

La Comisión de Afirmación de la Revolución Libertadora, nuevamente convoca este 16 de septiembre para evocar y rendir homenaje a todos los ciudadanos que en 1955 contribuyen en épicas jornadas, incluso con sus vidas, a dar por tierra con la tiranía peronista.
Para fundamentar este austero homenaje es necesario hacer algunas consideraciones que el transcurso del tiempo y las circunstancias posteriores torna necesarias.
Hace ya varios años vienen apareciendo movimientos pseudo históricos, al servicio de intereses espúreos, que pretenden distorsionar nuestra realidad nacional. Jan cambiado las fechas de las efemérides patrias para que pasen desapercibidas, sin brillo y sin gloria; han intervenido en la educación de nuestros niños, que actualmente parecen desconocer, las bases fundacionales de la República, logrando así ensombrecer la identidad nacional. Ya no se escuchan los recuerdos emocionados hacia los ciudadanos que en diferentes épocas contribuyeron a  dar con el basamento de la Nación y los parámetros del futuro.
La rebeldía contra la historia es ignorancia e incomprensión. Sus sostenedores, en su improvisación y de la sociedad. El momento actual se ha convertido en el único contre de sus perspectiva, el pasado no existe más que para el cálculo de sus intereses sectario sirviéndose del Estado para la concreción de sus logros materiales en vez servir a las instituciones de la República.
La sociedad argentina en todos sus estamentos ha sido el agente formador de su independencia, de su organización nacional y de su grandeza espiritual y económica.
Instalada la tiranía peronista necesitó modificar estructuras constitucionales y así fue como en 1949 sancionó una nueva Carta Magna que estableció para su época, la reelección indefinida del Presidente de la Nación, estableció la abolición de la propiedad privada poniendo los inmuebles al servicio de fines sociales, modificó planes de estudios y cambió en general la estructura del Estado, poniéndolo al servicio de intereses sectoriales. Así se mantuvo la situación hasta 1955.
Tales hechos, que he enumerado como exponentes de una época, pero sin olvidar toda una serie desbordes, irregularidades y delitos que fundamentan las razones para poner fin al régimen existente.
Perdida para el régimen toda razonabilidad de actos y funciones, se cimentó el movimiento que se denominó Revolución Libertadora, cuya fuerza la constituían elevados principios de carácter ético y devolviera a la sociedad su desenvolvimiento integral.
Cuando se jura seguir la bandera de la patria y defenderla hasta perder la vida, se lo hace de manera terminal. Por eso el soldado debe cumplirla cuando está en actividad, en retiro, cuando está de baja y aún no puede hacerlo desde la eternidad, si fue capaz de engendrar un ejemplo que puede ser asumido, continuado por quienes le suceden y sirva de tema de meditación superior para los hombres de bien.
Fuera de toda jerarquía, no hay soldados y ciudadanos de verdad sin valores superiores sin fidelidad y sin vocación de sacrificio en bien de la Patria.
Así fue como volvió a regir en 1955 la Constitución de 1853/60 que fue destrozada luego en 1994 y que espero que algún día recupere su vigencia para la salud de la República.
Así cumplieron quienes yacen aquí participando de ésta manera de la gloria de los héroes argentinos que descansan en tierras argentinas, chilenas, peruanas, ecuatorianas. Paraguayas y en la Banda Oriental, en los turbales de Malvinas y en los mares australes.
En esta fecha histórica rendimos homenaje a dos ilustres ciudadanos en ellos a todos los que ofrendaron sus vidas, libertades y tranquilidad, en la defensa de la Patria: me refiero al Teniente General Pedro Eugenio Aramburu, asesinado por las bandas terroristas y al almirante Isaac Francisco Rojas, que hasta el fin de su vida fuera guardián permanente de una tradición de conducta y austeridad.
En Córdoba, en Río Santiago, en el Río de La Plata, en Puerto Belgrano, la Base Aeronaval de Comandante Espora, en Mar del Plata y en todo lugar donde la razón y la justicia se colocó junto a la pléyade de soldados, marinos y aviadores, la reivindicación de principios esenciales que hacen a la dignidad humana, posibilitaron el éxito de las acciones y el fin de un régimen que se destacó por la corrupción y el aprovechamiento de los bienes de la Patria para su beneficio.
La Revolución Libertadora fue un movimiento cívico militar y sus postulados se mantienen perennes pese a los esfuerzos que se hacen para ignorarla.
La Revolución Libertadora es un legado que se proyecta hacia el futuro y sus postulados un verdadero código de normas irrenunciables.
Invocamos la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, para nuestra Patria, para nuestra posteridad  rindamos respetuosos homenaje a todos los que cayeron en el cumplimiento del deber o que ostentan en sus cuerpos y sus almas las heridas sufridas por haber cumplido con el precepto constitucional de “armarse en defensa de la Patria y la Constitución.
A todos ellos les expresamos que perdurarán sus nombres entre los héroes de la Patria amada”.