Amigos, amigas, camaradas:
Como siempre no conmemoramos esta fecha por un simple y nostálgico ritual, sino como una convocatoria a nuestras propias fuentes, renovando nuestras vocaciones y retemplando nuestro espíritu. Quiero agradecer a todos los presentes su concurrencia a esta grata reunión, lo cual nos anima para reafirmar nuestros recuerdos y nuestro espíritu y para proseguir dando testimonio, a pesar de las ya menguadas fuerzas y que algunos nos encontramos al final del camino.
Quiero también agradecer especialmente al Sr. Presidente de este Centro de Oficiales, el Almirante Alfredo Fernández, la colaboración que nos ha prestado en esta casa y la hospitalidad que recibimos desde que decidimos en la Comisión relanzar nuestra actividad testimonial. Y gloria y perpetua gratitud a todos aquellos, hombres y mujeres de la Revolución Libertadora que ya no están entre nosotros. Por el tiempo transcurrido ya nos encontramos en el umbral de la historia, esta historia tan tergiversada en la actualidad, pero cuyo juicio definitivo esperamos con serena confianza, pues la verdad siempre sale a la luz. Con respecto a la verdad histórica, tenemos aquí dos personas que han efectuado una gran contribución. Una de ellas es el Dr. Isidoro Ruiz Moreno y la otra el señor periodista Hugo Gambini. Ruiz Moreno, con sus dos tomos e la obra “La Revolución del 55”, y Gambini también con dos tomos de la “Historia del peronismo”. Ambas obras con un testimonio y documentación irrefutables. Para ellos nuestro perpetuo reconocimiento. Somos ya veteranos en esta lucha y que, aunque con muchos años encima y algunas heridas no bien cicatrizadas, aquí estamos aún de pie, con las manos y las conciencias limpias y con inquebrantable firmeza de nuestras convicciones libertarias. En estos tiempos, parecería que nuevamente nos encontramos al borde del abismo por haberse abandonado los principios de Mayo, Caseros y de Septiembre del 55.
Haberse alentado por especulaciones políticas la resurrección del régimen abatido en el 55, y principalmente por haberse mantenido esa tremenda y perversa corrupción que desatara hace muchos años el tirano que llamábamos “el gran corruptor”, como decía nuestro querido y recordado amigo García Venturini: “la moral no se puede violar impunemente”. Tal vez en estos momentos mis palabras resulten algo vacuas e intrascendentes frente al horrible y tremendo crimen de la guerrilla internacional contra lo que podemos llamar nuestra civilización y cultura. Por eso voy a pedir un minuto de silencio.
Gracias.
Por ello, más que nunca tenemos que poner y mantener nuestra casa en orden, tratar de preservar nuestro futuro y aferrarnos lo más solidamente posible a nuestros principios y a nuestros principios y a nuestros valores morales de nuestra nacionalidad. La Revolución que siempre se llamara LIBERTADORA y que se hizo una vez hace 46 años, pero como se dijo “SE HIZO UNA VEZ Y PARA SIEMPRE” y no se hizo para gobernar sino para liberar a la Argentina. Fue, por sobre todas las cosas, un gran acto de afirmación moral y ello constituye para siempre su gloria y su perennidad. A pesar del transcurso de los años, mientras que en algún recodo de nuestra tierra quede un grupo de hombre y mujeres verdaderamente libres y dignos, esta fecha será siempre recordada. Así como los principios que animaron esta gesta cívico-militar, no importa cuántos sean, siempre fueron muy pocos los que mantuvieron y transmitieron a través del tiempo ese espíritu que permitió al hombre ser verdaderamente libre y acercarse a Dios. La esperanza, como la fe, es una gracia de Dios, pero para estar prestos a recibirla, es necesario primero desesperar de lo falso, por eso yo os invito a que desesperemos de las falsas ilusiones que actualmente nos presentan, para poner la esperanza en los principios verdaderos, que son aquellos consagrados por nuestra Constitución fundadora de 1853 que forjara nuestra Nación y en su momento recuperara la Revolución Libertadora. En esta forma ponemos la desesperanza al servicio de la esperanza, y adhiriendo a aquello que más vale encender una tenue luz, que maldecir la oscuridad. Confiemos y pongamos nuestra esperanza de que en futuro no lejano, Dios ilumine la mente y la conciencia de los argentinos, y que nuevos grupos de hombres luchen con la verdad por la recuperación de esta maltratada República. Quedan aún fuerzas vivas en la Argentina que deben ser despertadas y lo que no se haga hoy puede no poder hacerse para siempre. Yo también os invito para que mantengamos nuestra acción testimonial sin desmayo y hasta nuestro último aliento como un deber moral ineludible, que puede contribuir en forma muy modesta en la educación de las generaciones que nos siguen. Todavía tenemos una bandera, una hermosa bandera bajo la cual cobijarnos, es aquella que recojimos de los andrajos de la que hace muchos años quemó el tirano, pero que se ha purificado con el sacrificio de aquellos argentinos que dieron sus vidas, su fortuna y su seguridad en defensa de la Nación. Finalmente, como dice la letra de nuestra hermosa “Marcha de la Libertad”, hoy casi silenciada por la ingratitud y el olvido, “EN LO ALTO LA MIRADA, LUCHEMOS POR LA PATRIA REDIMIDA”.
Y yo, con gran emoción os invito a que brindemos.
Y como es tradición en la Armada, invito a dar tres VIVAS A LA PATRIA.