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Carta de lectores del Contralmirante (R.E.) Jorge Julio A. Palma, enviada a La Nación, sobre Pedro Eugenio Aramburu
Por el diario LA NACION (31/03/04) la ciudadanía se ha enterado que el diputado a la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, Marcelo Ferreño, del Partido Movimiento de Recuperación Popular, que lidera el periodista y ex-montonero Miguel Bonasso, presentó un proyecto de ley para cambiar el nombre de la plaza Pedro Eugenio Aramburu por el de los automovilistas Oscar y Juan Gálvez, y al día siguiente, por el mismo medio, en la sección Carta de Lectores se publica un escrito de un miembro del “Instituto por la Memoria del Pueblo” apoyando dicha iniciativa. El fundamento, en ambos casos, es que el Tte. Gral. Aramburu participó de la Revolución Libertadora que derrocó a otro general: Juan Domingo Perón “que era presidente de la Nación, ejerciendo su segunda presidencia, democráticamente elegido por el pueblo” y que lo de “Aramburu resultó un golpe de estado que instauró una dictadura militar”.
Ante este brote de nuevo “revisionismo histórico” resulta necesario poner de resalto que la Revolución Libertadora no ha sido un golpe de estado sino una verdadera revolución cívico-militar de la que participaron no sólo las fuerzas armadas sino también comandos civiles revolucionarios formados por ciudadanos de distinta extracción política y jóvenes de la Federación Universitaria Argentina, para restaurar en el País un Estado auténticamente republicano y democrático respetuoso de la soberanía del pueblo y terminar con un régimen dictatorial de oprobio. Titular “golpe de estado” a la Revolución Libertadora equivale dar ese título a la Revolución de Mayo o al pronunciamiento de Urquiza.
Triunfante el movimiento revolucionario de setiembre de 1955 ejerció la presidencia provisional de la República el General Eduardo Leonardi, hasta noviembre del mismo año y, desde esa fecha, el Gral. Pedro Eugenio Aramburu hasta mayode1958.
Durante el período mencionado se restableció la vigencia de la Constitución Nacional de 1853/60 que había sido reemplazada en 1949 por una ilegal convención constituyente de acuerdo a los deseos personales de Perón, a quién, tiempo después un Congreso obsecuente le otorgaría el título de “Libertador de la República” y a su esposa el de
Jefa Espiritual de la Nación”; se disolvió el Movimiento Peronista del cual el jefe supremo era Perón y del cual dependían el partido oficial, los gremios y demás formaciones corporativas de todas las actividades nacionales; se restableció la independencia del Poder Judicial; se derogó el estado de guerra interno y el decreto 536 sobre seguridad del estado; se dictaron las bases para la autonomía universitaria; se afirmó el federalismo; se sanearon las finanzas públicas; se integré una Junta Consultiva Nacional con la participación de todos los partidos políticos democráticos a la vez que se disolvía el partido peronista por su conformación totalitaria, sin por ello inhabilitar a sus afiliados; se derogó la ley que consagrara como doctrina nacional la doctrina peronista; se modificó el régimen electoral consagrándose por primera vez en la República el sistema proporcional para que todos los movimientos de opinión pudieran participar en las elecciones de autoridades; se restablecieron todas las instituciones básicas del país y la libertad de prensa; se terminó con el régimen de delaciones, prisiones sin causa, torturas, afiliación obligatoria, adhesiones forzosas, contribuciones obligadas; se recuperaron bienes mal habidos por el dictador y sus adláteres; las provincias del Chaco y La Pampa recobraron sus nombres históricos, al igual que la ciudad de La Plata y la Universidad Nacional que en ella tiene su sede; se reorganizó la Policía Federal y se derogó el Código de Justicia Policial y el fuero respectivo; terminó con la “kakistocracia” y la “cleptocracia” imperante, etc., etc. Muy largo sería el enumerar toda la labor cumplida, pero para ello nos remitimos a las publicaciones de la época y a la bibliografía existente sobre dicho período revolucionario. Para mayor información consultar nuestra página Web: www.lalibertadora.org
La Revolución Libertadora convocó a comicios generales para elegir las nuevas autoridades que la sucederían sin pretender sucesores. Luego de entregado el gobierno al Presidente electo y a todas las autoridades nacionales y provinciales consagradas por la voluntad popular, una ley del Congreso de la Nación, sancionada por unanimidad y promulgada por el Pte. Arturo Frondizi, en reconocimiento por la palabra empeñada y el deber asumido y cumplido, ascendió al grado máximo al General Aramburu y al Almirante Rojas, quienes no quisieron serlo durante el Gobierno Provisional que ejercieron.
El general Aramburu se alejó de la función pública regresando a su hogar del cual sólo salió tiempo después para continuar luchando por la unión del pueblo argentino. Posteriormente fue secuestrado y asesinado por miembros del movimiento montoneros con la aprobación y aplauso de Perón de quienes dijo “constituían la juventud maravillosa”.
Pedro Eugenio Aramburu fue un ejemplo para la juventud argentina, por su conducta, por devolver al pueblo su libertad y dignidad para el ejercicio en plenitud del gobierno de la República y por su liderazgo ético y moral y por ello bien han sido honrado con el ascenso, dentro de sus funciones militares, por el voto unánime de los representantes del pueblo. Quitar hoy a una plaza su nombre constituiría no solo una ingratitud y tergiversación histórica, sino un suicidio moral del pueblo argentino.
Jorge Julio A. Palma
Contralmirante (R.E.)
Presidente de la Comisión de Afirmación
de la Revolución Libertadora